Mi destino una noche de sábado cualquiera
Sábado, Noviembre 8th, 2008¿A alguien se le ocurre qué hacer una noche de sábado cualquiera cuando uno está sólo en un barrio que no conoce?
En otras circunstancias, probablemente, estaría preparándome para salir a darme una vueltilla por Guardo o, en el peor de los casos, tomando una cervecilla en el bar de Marian (en Fresno) o, a lo mejor, de cena con los coleguillas en casa de Kiki. Pero no, aquí estoy tomándome un triste descafeinado con Lola dormida sobre un colchón de 90, tirado en el suelo de un salón vacío, en alguna parte de Cambrils.
Una vez terminada la mudanza, hace una semana más o menos, estas cuatro paredes de mi nueva casa siguen diáfanas como el resto del piso, salvo por las cajas de cartón que esperan en la habitación de al lado a que lleguen los muebles para buscar su sitio en esta casa. Ahí pasarán el resto de sus días todas mis pertenencias (cruzaré los dedos para no tener que soportar un nuevo traslado laboral, creo que no podría).
Es sábado, y aquí estoy viendo en la Neox un antiguo capítulo de Los Simpson, de esos que lleva años regalándonos Antena 3 y cuyos diálogos me sé de memoria. ¿Cuánto tiempo llevan emitiéndolos?
Hablando de tiempo. Estos momentos de soledad me brindan la oportunidad de pensar en lo caprichoso que es el destino, ese que nos lleva y nos guía, nos separa y nos une a través de la vida que diría la buena de Amaral. El mío me ha traído hasta Tarragona cargada de un montón de cajas y una maleta llena de ilusiones, que ya he dicho esperan a que alguien las libere para adornar las estanterías de un nuevo armario.
Y yo pienso con todo esto: es curioso lo fácil que resulta empaquetar toda una vida, recuerdos, ilusiones, esperanzas, proyectos de futuro, que aunque no han podido cumplirse aquí están, fieles a mí, por si algún día pueden liberarse de las exigencias del guión y echar a volar. ¡Quién sabe!
Hablando de volar, me acaban de llamar y mi soledad se ha esfumado. Me voy a la Pineda, así que por el momento mis proyectos de futuro y mi soledad quedan aparcados. ¿Hay una forma mejor de pasar una noche de sábado cualquiera?
Por cierto si alguien duda lo caprichoso que es el destino, que unas veces te destierra a la soledad de una noche de sábado y de pronto te ofrece un plan que no puedes rechazar, recuerda esas sabias palabras de Amaral que tanto me gustan. Nunca se sabe lo que puede pasar. ¡Carpe diem!