Bélgica y sus rincones
Jueves, 3 de Enero de 2008 por Sara
En un territorio más pequeño incluso que la extensión de Galicia, Bélgica ofrece sus innumerables maravillas fácilmente accesibles. A pesar de su tamaño, este país tiene tres lenguas oficiales: francés, alemán y flamenco. Por suerte para los turistas, todos saben inglés.
La capital, Bruselas, está conectada por vía aérea con casi todas las capitales europeas, y allí llegan varias compañías de bajo coste. Pasear por sus calles es descubrir galerías y tiendas de gran exclusividad, rincones y edificios de una arquitectura particular, y gente de todas las procedencias. El centro, conocido como la Grand Place, está formado por edificios de estilo gótico, barroco o renacentista, y presidida por la gran torre del Ayuntamiento, de 96 metros de altura.
No muy lejos de allí, en las calles repletas de turistas, sorprende encontrarse con un grupo de gente que observa algo en una esquina: es el famoso Manneken Pis, una estatuilla de un niño orinando que, curiosamente, todos imaginábamos de mayor tamaño. Esta figura tiene su compañera femenina, la Jeanneken Pis, que se encuentra hacia el otro lado de la Grand Place. En el mismo callejón sin salida de la “niña meona”, está el Delirium Café, en cuyo interior tienen una variedad de más de 2004 cervezas. Y es que si Bélgica es famosa por algo, aparte de sus chocolates, es por la calidad de la cerveza.
Para los que quieran ir de compras, en Bruselas está la galería comercial más antigua de Europa, Saint Hubert, que conforma una larga cubierta con tiendas de las mejores marcas. Para comer o cenar, preparad el bolsillo en la calle de “los carniceros”, porque son especialistas en atraer a los turistas con sus típicos mejillones belgas. Para los golosos y los no golosos, en toda la ciudad existen numerosos puestos donde venden gofres recién hechos aderezados con nata o chocolate.
Bélgica tiene, además de Bruselas, varias pequeñas ciudades que se convierten en un destino indispensable. Para no perderte ni uno, lo más práctico es comprar un bono de 10 viajes, que sirve para moverse en tren por todo el país. Paradas obligatorias son Brujas, Gante, Amberes y Lovaina.
Pero atentos, porque el nombre en flamenco de estas ciudades es algo distinto. Así, si quieres ir a Brujas, prgunta por Brugge, para parar en Gante, lee Gent, diríjete a Antwerpen y no a Amberes, y visita Leuven en lugar de Lovaina.
La “Salamanca belga” se caracteriza porque la casi totalidad de sus habitantes son estudiantes. Llaman la atención en Lovaina los edificios de la universidad, entre los que hay una abadía que nos ambienta en la Edad Media o un castillo rodeado de cuidados jardines. El Oude Markt o plaza vieja es el centro de reunión para unas cañas diurnas al aire libre y unas copas nocturnas en los numerosos bares que rodean la plaza. El edificio del Ayuntamiento es también digno de admirar.
Amberes es la ciudad de los diamantes, donde antiguamente se asentaron colonias judías especialistas en el trabajo de esta piedra preciosa. Tiene su propio barrio rojo a modo de Amsterdam, un gran puerto, una majestuosa catedral y un castillo.
Gante presenta un doble aspecto. Por un lado, es una ciudad europea como cualquier otra, con su tráfico de bicicletas y motos. Por otro lado, está el centro histórico, con sus castillos, sus canales y sus puentecitos.
No muy lejos de Gante se situa Brujas, que no debe su nombre a esos seres fantásticos, aunque sí parece ser una ciudad encantada. Los canales y los tejados en forma de aguja otorgan ese aspecto tan característico a Brujas. A pie o en calesa, el tamaño pequeño de la ciudad permite que disfrutemos con tranquilidad del encanto de sus rincones.
Foto tomada en Brujas por Enrique, por Miguel o por mí, ya no me acuerdo. Gracias a Nuria por su colaboración en la documentación y corrección del artículo, y por su hospitalidad en Leuven.










que envidia te tengo!
haber visitado tantos paises y tan joven!!
muy buen relato y descripcion del lugar…me dan ganas de viajar
saludos