Las bicicletas no sólo son para el verano
Miércoles, 16 de Enero de 2008 por Sara
En la década de los 70, Fernando Fernán Gómez escribió una obra de teatro titulada Las bicicletas son para el verano, que años más tarde Jaime Chávarri adaptó a la gran pantalla. En todos los veranos de mi infancia veo bicicletas por el pueblo. Pero ¿por qué tienen que ser sólo para el verano?
Pues no, no es asÃ. Las bicicletas son un medio de transporte práctico, rápido y ecológico, aptas para todo el año (en invierno te abrigas bien, y listo). Te ahorras atascos, no tienes problemas para aparcar, y además haces deporte. Cada vez son más las ciudades que se apuntan a esta moda, y en algunos paÃses ya está arraigado como una costumbre. En Holanda, Bélgica o Italia, son comunes los parkings para bicicletas, y las escenas de unos padres llevando a sus hijos pequeños atrás en el sillÃn.
En España también se está promoviendo el uso ecológico de estos vehÃculos, asÃ, Ayuntamientos como el de Barcelona, Gijón, Valladolid o Sevilla apuestan por este medio de transporte gracias a la creación de carril-bici por la ciudad y el préstamo de bicicletas a los usuarios. También es verdad que la morfologÃa de las ciudades tiene que acompañar, y los calles llanas son más adecuadas para habilitar un carril-bici que las cuestas muy pronunciadas (el que quiera hacer ejercicio de verdad, que se mueva en bici por Lisboa).
Un buen ejemplo de ciudad-bici es Maastricht (Holanda), donde destacan los inmensos aparcamientos para bicis, que en la distancia parecen una enorme maraña de hierros.
Hoy tomamos dos caffè latte, uno con Mery y otro con Txus, porque ambos cumplen 22 años. ¡¡Felicidades chicos!!











Me encanta la biciiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!! Es, sin duda alguna, de mis deportes favoritos (junto con el boxeo, jajajaja).
Anda que no habré pasado yo veranos y no veranos recorriendo las pistas con mi querida bici… Hemos vivido de todo: frÃo, calor, tormentas inesperadas, millones de salidas de cadenas, hemos comido moscas, mosquitos, nos han picado abejas, nos han asustado serpientes, me han fallado los frenos, nos hemos dado de bruces contra el duro suelo, nos han pitado los coches… Pero el dÃa que jamás olvidaré es en el que fui atacada por un perro mastÃn de esos que cuidan los rebaños de las ovejas, qué mal lo pasé, que me hizo ir pedaleando como si mi vida fuera en ella (y nunca mejor dicho) desde el cementerio de Guardo hasta la entrada de Muñeca… Y lo mejor de todo, es que el pastor estaba metido en su coche, descansando a la sombra, y no creas que llamó al perro ni nada no… ¬¬ Seguro que se echó hasta unas risas con mi mal rato…
Bueno, pues he aquà otro de mis mini comentarios que te dejo de ciento en viento, jejeje!!!
Un bacio!!!
Verdaderamente es hermoso bajar “la cuesta de las barras” a toda velocidad y de repente meter los dos frenos de la bicicleta. Saber qué podÃa pasar era mi obsesión, asà que un dÃa la encaré y apreté los dos frenos. Las consecuencias-.pequeña consecuencia- quedó en mi pierna izquierda… Era la bicicleta de la aventura, del deporte, del verano, seguramente.
Pero habÃa otras bicibletas, la del trabajo, la del minero de la década del 50 para poder ir a trabajar. Es lindo bajar la cuesta de Santa MarÃa cuando iban, pero qué costoso era subirla en el regreso. Aunque ahora que lo pienso, serÃa agradaable darse cuenta de haber salido de aquellos agujeros negros y vivir un poco a la luz del sol. Recuerdo en esa bicicleta la de “mi viejo”, la de mi padre… ¡Cuánto le costó ahorrar para dejar de ir caminando!
Son mis recuerdos… desde las Sierras de los Comechingones, un dÃa de vacaciones y, parece de recuerdos saltados de la historia de Sara.