No es por la cercanía de San Valentín, pero Verona respira “romantiquería” por todos sus rincones (eso sí, de muros para adentro, porque el exterior se antoja una ciudad hasta fea). Será por la conocida historia de los amantes Romeo y Julieta que se desarrolló en sus calles o por el río que serpentea bañando Verona, que algo especial flota en el ambiente.
La casa de Julieta, el Duomo o la Piazza dei signori son dignos de admirar, aunque lo más espectacular es La Arena. Al estilo del Coliseo de Roma pero más pequeño y mejor conservado, en el interior se celebran todo tipo de espectáculos y conciertos, sobre todo en verano.
No os sorprendáis si en alguna heladería a orillas del río vais al único baño y os encontrais el desagüe en el suelo, como en las antiguas tabernas. Eso sí, tanto el baño como la heladería son completamente nuevos. Si queréis ir a un baño de verdad y moderno entrad en el de La Arena, que lo mismo lo construyeron los romanos, pero al menos puedes sentar el culo.
Para los que queráis visitar museos, en la estación de tren podéis comprar un pase turístico por 8€ que comprende la entrada a varios monumentos y el viaje en el autobús turístico. Si queréis conocer la ciudad como tal, con sus callejuelas, sus edificios y su gente, pasad del autobús y acercaros al centro a pie, no supone un gran esfuerzo y disfrutarás más de la esencia de Verona. Podéis tomaros un descanso al sol sentados en el interior de La Arena, que por 4€ merece la pena visitar.







