Los Alpes: nieve, pijería, y mucha diversión
Domingo, 3 de Febrero de 2008 por Sara
Viernes noche, divididos entre el Mercedes, un Ypsilon (de gasolina), y un todoterreno, 12 personas nos dirigimos a la región del Trentino-Alto Adige, con destino Pinzolo, un pueblecito situado en plena cordillera de Los Alpes. De noche parece un pueblo fantasma, pero junto al estadio del hielo hay un local donde se reúnen los jóvenes, con conciertos en directo, sala de juegos y un amplio espacio con mesas y bancos.
Diez de nosotros nos hacinamos en el apartamento Marchetti, conocido también como “mi casita de Los Alpes”. A pesar de estar en Italia, el número de españoles supera al de italianos, como siempre. El recuento del fin de semana hace un total de 8 españoles frente a 7 italianos.
La mañana del sábado subimos a la estación de esquí. Ataviados todos con nuestros trajes para la nieve (la mayoría por cortesía del apartamento Marchetti) montamos en el teleférico, que nos lleva alto alto. Para muchos era su primer contacto con la nieve, otros ya lo dominaban, pero todos se lo pasaron genial a pesar de los golpes.
Los que no esquiamos, bajamos caminando, desde lo alta alto, entre árboles, nieve y hielo, mientras se hacía de noche. Vamos, que no nos comió el oso de milagro.
Después de una jornada de deporte, ¿qué mejor para relajarse que un remojo en la sauna? (también en el apartamento Marchetti) Suena pijo, eh? Pues aún queda lo mejor. Parece ser que la fauna italiana del norte maneja dinero sin miramientos, y si el apartamento Marchetti con su sauna y sus equipos de esquí ya nos parecía de película, aún nos quedaba el capítulo de Borja Mari y Pocholo, con los hermanos Botín como anfitriones.
Un año después de que el rissotto con fresas rodara por el suelo de Lisboa, Andrea consiguió alimentar a la tropa hispano-italiana que nos congregábamos en la cocina de los hermanos de la montaña, que además de acogernos en su casa, corrieron con todos los gastos (grazie!).
Después del atracón de polenta, carne salata y grolla (una especie de queimada), todo ello TIPico de la montaña, salimos con ganas de fiesta. Algunos españoles se retiraron a dormir, de modo que nos diezmamos a 4. Recordar viejos tiempos con el Street Fighter, y comprobar que la pijería más absurda de las películas es real, resulta “fascinante” como poco. Salir del garito a las 2 de la mañana y que no quede nada abierto para continuar la parranda, es una mierda. Conseguir mover el Mercedes pequeñito con 9 colgaos a bordo a lo largo de varios metros, es “mejor que una patada en los cojones”. Despedirnos de Los Alpes el domingo por la mañana es una pena.
Y todo para acabar durmiendo en Padova, en casa de Fabio, en la cama de Fabio, pero sin Fabio.
Foto: Ana Pascual Puentes
“La neve scendeva… io correvo…
correvo con le braccia aperte,
abbracciavo il mondo…
fra tanta gente c’eri tu…
come un fiocco di neve ti posavi
sulla mia bocca, assaporavi con dolcezza
le mie labbra di zucchero”.









