¿Y si un día volvemos a Lisboa?
Viernes, 15 de Febrero de 2008 por Sara
Si después de un año de estar viviendo allí, decidimos volver a Lisboa, ¿nos podremos considerar turistas?
Cuando el avión comience con el aterrizaje, tendremos una vista de pájaro general. Sobrevolando el Castelo de São Jorge, y la estación de Santa Apolonia, cruzamos el Tajo y vemos Almada con su Cristo Rey. Un poco más allá, distinguimos el romper de olas en Costa Caparica (para mí esta playa siempre fue un mundo aparte, como ir hasta Brasil a relajarse y ver Capoeira…). Volvemos a cruzar el río, esta vez de regreso a Lisboa, vemos a la izquierda la Torre de Belem, y el monumento de los descubridores, junto al monumental Mosterio dos Jeronimos. El avión va perdiendo altura y por un momento parece que nos vamos a estrellar en Monsanto, casi rozamos Cidade Universitaria y el estadio Alvalade.
Aterrizamos en el aeropuerto y pisamos suelo portugués. Las saudades nos invaden (vosotros ya sabéis de lo que hablo) y enseguida nos damos cuenta de que no podemos ser turistas. Un turista tomaría el taxi (no digo coger porque se que me leen desde Argentina… ;-) ) o como mucho, el aerobus, que dobla la tarifa del billete normal. Nosotros, que no somos turistas, “apanhamos” un autobús urbano que nos dejará en el punto de la ciudad que mejor nos convenga, o en su defecto, si optamos por el taxi, no nos cobrará más de 8 € porque nosotros sabemos que no vale más y le tenemos la ruta vigilada.
En cuanto al tema de alojamiento, un turista reserva una habitación de hotel, albergue o similar. Nosotros no, porque la mayoría tenemos amigos en la ciudad que nos acogen encantados. Una vez llegamos a nuestro destino, dejamos nuestras cosas en casa (¡qué bien suena eso!) y comenzamos a patear Lisboa. Porque en Lisboa no se camina, no se pasea: se patea. Cuestas arriba, cuestas abajo, escaleras que suben, escaleras que bajan. Pateando pateando podemos llegar al centro desde prácticamente cualquier punto de la ciudad. Si nos cansamos, podemos “apanhar” el metro, para el que no necesitamos un plano, pues las línea azul, verde, roja y amarilla ya forman parte de nuestras vidas como el parchís. Eso sí, en la Lisboa anclada en el tiempo también hay cambios si regresamos ahora: la línea azul cuenta con dos paradas más, llegando hasta Santa Apolonia, y las obras continúan para enlazar las líneas.
Este es un mapa de las líneas actuales y los proyectos.
Si el metro aún no llega donde queremos ir (ya llegará) podemos montar en autobús o en tranvía. El tranvía 15 es el turístico que lleva al barrio Belém, pero el tranvía 15 es, sobre todo, el que nos deja en Alcântara para subir por unas escaleras hasta Infante Santo. Aquí no paran los turistas.
En el centro (la Baixa) no hay cuestas. Las calles peatonales están llenas de puestos donde venden bolsos, cuadros, y bisutería. El precio hay que negociarlo. Pero también están llenas de turistas, desde Rossio, por la Via Augusta, hasta Praça do Comercio. Para llegar a la catedral (Sé) hay que subir un poco, y allí nos enteramos en qué país de Europa están de puente por el idioma que hablen los guiris. Como siempre, los que más dan el cante son los españoles. Y si no, juzgad vosotros mismos el “graffiti” que hay en el miradouro de São Vicente, un poco más arriba de la catedral. (Atentos al GILIPOLLAS tan español rayado justo debajo).
Y dejando un poco atrás este amor-odio de los portugueses hacia los españoles, nosotros, no turistas en Lisboa, pasamos de visitar el castelo, o hacernos fotos en las escaleras de Alfama. Vamos a los miradouros, sí, porque nos gusta ver atardecer en Nossa Senhora do Monte, celebrar un cumpleaños nocturno en Graça, leer un libro en Santa Luzia, observar a los skater en São Vicente, y reunirnos en torno a una guitarra en Santa Catarina. Subimos al bairro do Castelo para ver un espectáculo en el Chapitó, para tomar un café en el bar de una amiga, o para inaugurar el piso de otra.
Por la noche, Lisboa tiene una vida callejera de lo más variopinta. Como nos gusta mucho la noche, subimos hasta bairro Alto, donde ya conocemos cada calle, cada rincón y cada bar. Ya hablé en una ocasión de nuestras reuniones en Praça Camões, a continuación, una tosta en “el bar pequeñito”, donde cabemos a duras penas y ya somos como de la familia. Luego, a Rua da Rosa, al “bar de los chupitos”, o cruzando la calle a casa de Kike e Irene (¿seguirá la lámpara colgando en el salón?).
La noche continúa encontrando al resto de la gente en el Mezcal, (ahí empezó nuestra aventura, David, yo sin voz, intentando comunicarme con Santi…) y haciendo parada en “el bar naranja”, comiendo cacahuetes bajo la mirada del gruñón de la Tasquinha do Fadista, visitando a los amigos de Fabio en el Caricaturas, y ganando una camiseta al mérito en Janela d’Atalaia. Después de bailar sin parar en el Polítika, para terminar, unos juegos sentados en los coloridos sofás del “popi”.
Al día siguiente, por recordar viejos tiempos, nos vamos a tomar algo al Xiribitatá, el bar de la Lusófona (los turistas no van a la universidad, ¿verdad?) en la línea verde hasta Campo Grande. ¿Alguien quiere bajarse en Anjos y subir la Rua de Angola? Podemos comer económicamente (2€) el menú de la cafetería de ciencias, o por un poquito más, ahora sí, en Anjos, una hamburguesa en A Eira.
Por la tarde nos vamos a la playa, Cascais o Carcavelos, donde caiga, porque el tiempo seguro que es bueno. Después de la playa, un paseo por la Avenida Liberdade, y una sesión en la cinemateca. ¡Cuidao con lo que elegis, que os podéis quedar dormidos! El plan perfecto para un domingo por la tarde está entre la Baixa y la casa dos Bicos, el Bacalhoeiro, una sala cultural donde ofrecen conciertos en directo de todo tipo. Para entrar hay que ser socio, y nosotros, como no somos turistas, tenemos la tarjetita
Irene y Kike se han atrevido a regresar a Lisboa, a pasar por delante de su casa… ¡Qué valientes! Algún día volveremos todos, a recoger un pedacito de saudades…











:O Dios Mio! Yo soy mas turista a Lisboa que tu! :/ Va bene, devo ritornare alla mia cittá erasmus
ERASMUS CI RESTA!
Sarinha! Bonito reportaje!
Se masca la aventura… 30 de mayo, Rock in Rio Lisboa. Te apuntas?Beijão lindona!
Sara, nos atrevimos a volver a todo aquello que dejamos en Lisboa, a todo aquello que nos llevamos en nuestro corazon pero que solo se activa cuando llegas a Lisboa.
Turistas? Nunca podremos ser turista en una ciudad que nos adoptó, que nos dio miedo nada mas bajarnos del avión, pero que con el tiempo nos hicimos parte de ella, o ella se hizo parte de nosotros…El caso es que algun dia, tarde o temprano, nos volveremos a ver todos alli, aquellos que importamos, aquellos que nos unimos en hermandad en una ciudad que invita a vivir, a dormir, a dejar atras todo aquello que te preocupa, y como diria Irene a recobrar tu paz interior.
Fue un tremendo e increible placer compartir contigo toda aquella experiencia, siempre estara en mi retina el primer dia que nos conocimos al comienzo de rua de angola, y despues bacalhoeiros y despues chapito, y despues lisboa y ……
Fue más fácil de lo q parecia , y pese a q a ella no le gusta ponerlo fácil (la facilidad es cosa de jóvenes inexpertos…los viejos son de otra manera) nos cuidó. Después de una salida demasiado rápida y con el broche final de la carrera aun calentito en la solapa de la chaqueta nos dejó marchar de la única manera que saben dejarte marchar los grandes: sin que te des cuenta. Una vez fuera y tras barajar varias hipotesis de q seria de ella sin nosotros o mejor dicho, y para no sonar tan prepotente, q seria de la Lisboa de nosotros sin el nosotros, la vida paso de puntillas, determinante y sin dejar tiempo a la valoracion del pasado y con el tiempo justo de mirar el presente…Y sin saber bien por qué en mitad de todo este caos habia una voz dentro de nosostros q gritaba alto y claro: ¡¡¡croissant de chocolate!!…y volvimos…a las mismas calles en cuesta, los mismos bares, el mismo metro, los miradores, el Tajo, el viento, el tranvia, los indigentes, las imperiales, las escaleras imposibles, ladra, rossio, baixa…y aunq no entendia bien mi desgarradora necesidad de volver, hoy lo tengo claro: por una parte estaba la duda de si solo era idealmente perfecta en mi cabeza…a lo cual la respuesta fue un rotundo si (la consiento constantemente en mi memoria…no tiene remedio) y por otra la busqueda de mi paz interior…la que he de decir, encontré felizmente…No es una ciudad fácil, pero consigue hacerte sentir parte de ella, de su bohemia, su tranquilidad pasmosa, su agua constante, …consigue q te sientas en casa…y ahí está su mágia…volvimos al recuerdo y regresamos con un pedazo de corazón menos a cambio de otro hogar.