Toujours dans la lune…
Lunes, 25 de Febrero de 2008 por Sara
Dicen que París, la ciudad de la luz, es la más romántica del mundo, el destino ideal para una luna de miel. Dicen también que el francés es el idioma del amor, universal eso de “je t’aime…”. En mi pijama hay un montón de ratoncitos subidos a la luna, que dicen “toujours dans la lune…”.
Yo como siempre, contracorriente, os recomiendo que por unos días os olvidéis de vuestra pareja, quedéis con unos amigos, y voléis hacia París. Os aseguro que la ciudad se puede disfrutar más allá de pasear de la mano de alguien, o comeros a besos mientras la vida parisina transcurre a vuestro alrededor.
La inmensidad de París, aunque pueda parecer lo contario, no tiene rascacielos ni edificios demasiado altos, por eso desde lo alto de la Torre Montparnasse, en el piso 56, se divisa una maravillosa panorámica de toda la ciudad, incluso de la Torre Eiffel.
Hay tantas cosas que ver en París, que con un simple fin de semana no bastará: tomad 5 o 6 días bien programados y lo veréis todo o casi todo. Para subir a la Torre Eiffel hay que hacer bastante cola, tanto para subir en ascensor como por las escaleras, así que una mañana libre madrugando, y paciencia, os aseguro que merece la pena llegar a lo alto. Por la tarde, un recorrido por el Sena en barco, y el resto, patear ciudad. Cuando os aclaréis con el metro (nosotros no llegamos a hacerlo porque nuestra anfitriona Isabelle lo tenía todo controlado), podréis ir de un lado a otro de la ciudad sin muchos problemas.
Los Campos Elíseos, el Arco de Triunfo, el Sagrado Corazón, la Bastilla, los jardines de Luxemburgo, Notre Dame, Montmartre… Todo esto y mucho más hay que visitar en París, perderse callejeando en el Mercado de las Pulgas, comer helado, fondue y crépes, ver el Mouling Rouge (a mi personalmente me decepcionó, puesto que me esperaba un espectacular edificio y me encontré con un teatro pegado a un molinito), y por supuesto, visitar museos.
En París se pueden destacar dos museos: el siempre original y colorido Centro Pompidou, del que no puedo opinar demasiado porque sólo lo conozco por fuera, pero lo que vi me gustó, y el famosísimo Louvre. Cuando viajo me gusta callejear, no soy de las que van con la cámara de fotos a ver museos e iglesias, pero debo reconocer que el Louvre me fascinó. Sus obras más conocidas son una pintura, la Mona Lisa, y una escultura, la Venus de Milo. El museo tiene tantas salas y tantas obras de arte, que se necesitaría un día entero para poder verlo todo, así que no vayáis a las 5 de la tarde, porque os quedaréis con ganas de más. Y vigilad la cámara de fotos, ¡no os la olvidéis en el lavabo! :-p
Ya saliendo de la urbe en tren, no muy lejos, está el palacio de Versailles, el homólogo a nuestro Palacio Real de Madrid, pero más ostentoso. Luciendo todo su explendor de la época ante el gigante edificio se extienden los interminables jardines. La misma María Antonieta vivió allí, y en la película del mismo nombre se pueden ver planos de los jardines y del palacio.
Pero a pesar de lo maravillosa que es la ciudad de París, con sus monumetos y sus museos, no hay que olvidar que París está llena de parisinos. No me gusta generalizar, pero y seguro que alguno de ellos tiene un alma caritativa y amable y te ofrecen una sonrisa cuando les preguntas por una calle, aunque no tengan ni idea de indicarte. El resto, individualistas fríos y secos, son capaces de responderte a cualquier pregunta con un NON tan rotundo que se te hiela la sangre de las venas.
Hace tiempo leí que existe un síndrome, llamado “síndrome París”, que afecta a los inmigrantes japoneses en la capital francesa. Es un tipo de depresión que sufren los nipones al vivir un choque cultural tan fuerte, que a muchos les obliga incluso a regresar a su país. Los síntomas son tristeza, ansiedad y sensación de ser observado, se sienten tan desesperados hasta el punto de desarrollar otras patologías psicológicas o incluso llevarles al suicidio. Se puede decir que el síndrome París es el caso más extremo de la inadaptación de los inmigrantes, que se acentúa en esta ciudad por el carácter arisco de sus habitantes, del que ya he hablado.
Yo que he sido y soy una inmigrante, valoro por encima de todo que te reciban con los brazos abiertos, y no con las puertas cerradas. Y los parisinos más agradables que he conocido, ha sido, curiosamente, fuera de París.







Se me ha borrado mi mega-comentario!!! :’(
Bueno, pues tendré que resumirlo…
Ale, ya está, me he deprimido mucho!!!
:’( :’( :’(
Pues nada, lo volveré a intentar, ahora que dan anuncios en el debate, que manda huevos anuncios en el dichoso debate!!!
París, la ciudad del amouuuugggg, la ciudad del gran sablazo!!! 1,20 euros que me cobraron por une pomme en la frutería de la peli de Amelie, y qué decir de la puñalada trapera que me dieron por un “chupito” de zumo de naranja natural en la famosa cafetería… 4,50 euros!!! Desde entonces no me he recuperado y no he podido volver a pedir un zumo de naranja natural…
Qué decir de sus acogedoras gentes… En duda de dónde estaba el Louvre, preguntamos a un quiosquero que nos contestó con un escueto y más que seco “Là”, a lo que nos quedamos con cara de bobos… Ya sabes, lalalalalala… ¬¬
Encontramos el maravilloso Louvre, donde fui fotografiada por los fotógrafos de una boda que se estaba celebrado… Sí sí, fui rodeada por decenas de palomas que venían a comer de mi bocadillo!!! Con el miedo que me dan a mi las palomas, imagínate!!! Jajajaja, que los fotógrafos dejaron a un lado a los novios para no perderse tan situación, si es que no puede ser… ¬¬ ¬¬ Y qué dedir del interior del museo, del enorrrrrrrrme museo, donde dejarse una cámara en el baño es tan normal como ser observado por la mirada inquieta de muchos de los personajes retratados… Qué manos largas, para qué querrán una cámara de fotos sin cargador, eh??? ¬¬ ¬¬ ¬¬
La Tour Eiffel… Algo más de una hora de espera para poder subir sus 1665 escalones (no los pude contar, iba que me salía el estómago por la boca, lo he mirado en el Google, jajaja), llegas arriba y un aire de la leche, que a poco más y a volaaaaaaaaaaaaaar!!!!!!!! Para otra ocasión pienso llevarme mi cometa. Ah!!! Y muy maja también la madame/mademoiselle que nos vendió la entrada… ¬¬ ¬¬ ¬¬ ¬¬
En fin… Una gran cantidad de acontecimientos que pueden llegar a ocurrirte en una ciudad tan cosmopolita como es París, donde la forma más común de acabar con todo es tirarse a las vías del metro y así colapsar durante un buen rato la línea que precisamente tú estabas utilizando… ¬¬ ¬¬ ¬¬ ¬¬ ¬¬
Espera, se me olvidaba!!! Nunca te quedes dormida en el Arco del Triunfo si no quieres pasar la vergüenza de ser despertada por deux gendarmes… ¬¬ ¬¬ ¬¬ ¬¬ ¬¬ ¬¬ Sólo estaba reposando un poco, que estaba molida!!! Pues como muy bien has dicho, París no se patea en un fin de semana…
À bientôt petite fille!!!
Et un gross bissou
Es una ciudad para muchas cosas… ¿Terminaste de construir “tu torre Eiffel? ¿Te acordás?
…”Ya saliendo de la urbe en tren, no muy lejos, está el palacio de Versailles, el homólogo a nuestro Palacio Real de Madrid, pero más ostentoso”… dices en tu descripción…
“Sabés que no me suena a verdad? Para mí que el Versalles español es el Palacio de Sal Ildefonso de La Granja… Me parece… nada y nunca desde “lo perfecto”.
Estoy de acuerdo contigo en la similitud entre Versailles y el Palacio de San Ildefonso, sobre todo en cuanto a aspecto físico, con los jardines inmensos, pero lo quise comparar con el Palacio Real de Madrid por el hecho de ser la residencia de los reyes en la capital.
Señor Perfecto, claro que terminé mi Torre Eiffel, mide más de un metro de alto, y está en una vitrina de cristal en la casa de Pisón. Así no coje polvo (la torre, porque la vitrina… pobre) jajaja.
Un beso!!
Pues si, es una ciudad increible en la que nunca se acaban las cosas para ver. Cierto que se necesitan 5 ó 6 días para poder ver más o menos sus edificios más representativos, no como he hecho recientemente yo y querer verlo en 2 días. Imposible, y el dolor de espalda con el que puedes acabar durará dias en curarse.
La torre Eiffel es la ostia, mu chula, y verla por la noche todo iluminada desde la plaza del trocadero es guapísimo.
Me gustó mucho el ambiente que se respira por la noche, con su gran variedad de restaurantes u pub’s en los cuales si no vas durante el happy hour, te puede salir carisimo una simple caña, esa cerveza Kronenburg.
Y que decir de los joyas que andan por los alrededores de la torre Eiffel hacindo sonar sus suvenirs robados de la torre y dandote la brasa? Incluso puede que coincidas con una pequeña persecución de un coche de policia a estos elementos con sus bolsas repletas de torres eiffeles.
Una cosita que se te ha pasado nombrar es el Roland Garros jejeje
solo que creo que tu de eso pasas bastante. Yo disfrute muchisimo alli 2 días, aunque hubiera veces en las que su meteorología no te deje disfrutar del todo con su lluvia intermitente.
París mola, y es un sitio al que si te lo puedes permirtir merece la pena volver (¡¡ryanair forever!!)
Un besito