Recortes de mi vida
Jueves, 6 de Marzo de 2008 por Sara
Recortes de mi vida es la adaptación cinematográfica de las memorias de Augusten Burroughs. Se trata de una historia peculiar, por definirlo de alguna manera, y teniendo en cuenta que en teoría está basada en hechos reales, en ocasiones resulta tan inverosímil como una película de ciencia ficción.
Aunque no llega a 2 horas de largometraje, el tiempo transcurre demasiado lento, sobre todo la primera mitad, de forma que requiere fuerza de voluntad por parte del espectador para verla hasta el final. Si éste logra llegar a a los primeros 45 minutos sin haber abandonado, ya habrá superado lo más difícil y estará enganchado hasta que acabe.
Recortes de mi vida (aunque la traducción literal sería “corriendo con tijeras”, ya estamos otra vez con la manipulación de los títulos al traducir) refleja la historia de Augusten y de todo lo que se mueve a su alrededor. Una madre con un sueño frustrado hace que salte la chispa del drama, extravagante hasta tal punto que el propio psiquiatra pierde los papeles de una manera que roza lo absurdo pese a que pretende ser cómica, como tantas otras escenas que resultan exageradas. El joven, abandonado por su madre en unas circunstancias que escapan a toda lógica, trata de encontrar un equilibrio en una vida normal, pero está sumido en tal caos que este deseo parece una mera utopía.
Perdido, confuso, y en el seno de una familia adoptiva donde ni el gato está cuerdo, Augusten encuentra su hombro para llorar en Neil, otro “hijo adoptivo”, interpretado magistralmente por Joseph Fiennes. El de Neil es un papel compejo con choques de sentimientos que derivan en una esquizofrenia incontrolable.
Destacaría dos escenas o momentos especiales de la película. Una, el grito unánime de todos los protagonistas que pretenden así liberar sus sentimientos reprimidos. La otra escena es cuando el protagonista, el mismo día de su 15 cumpleaños, no puede sonreir a la cámara del recuerdo, pues las lágrimas asoman a sus ojos al ver el estado catatónico en el que se encuentra su madre.
Augusten profesa un amor incondicional a su madre, pero no soporta ver en lo que se ha convertido, de ahí su comentario “me gusta mirarla cuando duerme, es como si estuviera muerta”.










