Un rincón en la montaña
Martes, 8 de Abril de 2008 por Sara
El Santuario del Brezo se encuentra inmerso en plena Montaña Palentina, en un punto clave donde reina la paz y se puede respirar aire puro, escuchar los sonidos de la naturaleza, y beber agua fría con sabor a nieve.
La Sierra del Brezo es una de las joyas de la comarca de la Peña, pero, a pesar de ello, poco conocida.
Para llegar a este maravilloso paraje, hay que tomar un desvío a la altura de Aviñante, en la carretera Guardo-Cervera, y pasando el pueblo de Villafria, hay que continuar subiendo hasta encontrarse con el santuario cuando se acaba el asfalto.
Se accede fácilmente en coche, pero los más deportistas también lo hacen en bicicleta o a pie. Eso sí, antes de decidir como subir, sería bueno tomar conciencia de las gran pendiente que tiene el camino, puede causar fatiga sólo con un vistazo.
La Virgen del Brezo se viste de gala cada 21 de septiembre para recibir a la multitud que llega al lugar para celebrar San Mateo. Una ocasión única para reunirse con amigos y familiares en plena naturaleza y disfrutar de una jornada de fiesta con picnic y mercadillo, y ya por la tarde, en Aviñante se continua la celebración con vervena y atracciones. En San Mateo llegan aquí visitantes de diversa procedencia, aunque la mayoría son de la provincia de Palencia.
El Brezo es el lugar ideal también para pasar un día de domingo cuando llega el buen tiempo, o para acampar una noche de verano. Aunque no está muy promocionado turísticamente, tanto el santuario como su entorno se encuentran en perfecto estado de conservación y con todas las comodidades necesarias, con luz, buena carretera, mesas para comer, una fuente… todo esto fue posible gracias a un parroco, Jesús Urien, que dedicó su vida a cuidar del Brezo, y a mantenerlo vivo tanto física como espiritualmente.
Esperemos que su labor continue a lo largo de los tiempos, y que esta comarca en la que muchas niñas y mujeres se llaman Brezo, sea reconocida por su encanto natural, con o sin pistas de esquí.







La fuente de agua de los Pastores, jajaja, que es así como se llama.
Me encanta el Brezo, sus paisajes, ir allí y sentarme en las rocas a respirar aire de montaña… Además, me recuerda muchísimo a mi querido abuelo Pedro, razón de más para que este maravilloso sitios me enamore más aun…
El año pasado subimos al pico de la montaña que se ve en tu foto; cuesta un poco la subida, pero las vistas son espectaculares.
Por cierto, ¿el coche del fondo es el tuyo verdad?
Un besote Sara
P.D.: ahora tengo ganas de irrrrrrrrrrrrrrrrrr, joooooooooooo!!!!!!!!!!!!
Siempre que aparece el Brezo “rejuvenezco”. Porque muchas historias las viví de pequeño y como tal quedan en la etapa de nuestra vida épica. Tal vez no haya podido cerrar esa historia con otras visitas más seguidas y en tiempos con posibilidad de estar junto al santuario. Por eso para mi San Mateo es una fiesta que debe existir más en mi mente que en el prado de Aviñante. Saludos para todos los que se identifican con el Brezo, los ráspanos y “la Cruz”
Muy bonita la foto de santuario, en la pagina del pueblo de Villaverde de la Peña hay otras más (www.pueblo-espana.org) también interesantes.Son muchos los recuerdos y las vivencias nostágicas que evoca este lugar. Rescato una, la Celebración de la Vigilia Pascual hace ya unos cuántos años,participada por un buen número de cofrades y fieles, donde la oscuridad total de la explanada del Santuario era iluminada por la hoguera y el interior del templo por el Cirio Pascual y las velas de cada participante. Y en lal despedida, un orujillo para los mayores y una bolsa de caramelos para los chicos.
Seguro que tendrás alguna foto del manantial de Villafria para compartirnos.
Y si llegas a estar el próximo 21 de setiembre en la fiesta de San Mateo, saca algunas fotos a los tradicionales melones, a las barcas y a los puestos de venta de barquillos y tiro al blanco , para que Nécora pueda entusiasmarse y concurrir algún año a tan familiar fiesta.
Importante el lugar y el santuario en mi vida.
Lo conocí a través de mi MADRE y sus relatos de infancia hace muchos años y cuando lo visité lo reconocí inmenso y me vi muy pequeña.
Varias veces he vuelto y compartido con familiares y amigos espiritualidad, comida, descanso, fiesta.
La paz que se respira y se siente y se comparte, hace que regrese nueva a mi vida cotidiana.
Me acerca emocionalmente a una parte de mis orígenes y es en la grandeza de la montaña donde puedo bucear en mi historia personal con más sosiego y disfrute.
Gracias, Sara, por darme, a través de tu foto y tus palabras, oportunidad para todo ello.
Un abrazo
Muy bueno tu blog, me encantaría que participaras en mi portar:
http://www.comparteviaje.es