Cuando vivía en Lisboa, alquilé, junto a otras tres personas, un piso bastante antiguo. Era el típico edificio viejo, con los techos muy altos, y en casa teníamos muebles del año de la Tarara, el suelo de tablas de madera, y las puertas y ventanas apenas cerraban. Ilusos de nosotros que pensábamos que íbamos a ocupar una morada vacía…
Cuando llegamos todo parecía normal (dentro de la ‘normalidad’ de Lisboa), e incluso teníamos dos muebles la mar de prácticos en el pasillo. Habitualmente éramos muchos en casa, pero cuando nos quedábamos solos, una presencia nos hacía saber que alguien más habitaba el piso desde hacía mucho tiempo. El fantasma de Peter vagaba por todas las habitaciones, nos observaba, nos hacía compañía. Él vivía en uno de los muebles del pasillo. Por las noches cerrábamos las puertas del armario con llave para que no se abrieran, pero Peter las abría por la mañana, lo que hacía que más de una vez nos diéramos un susto (sobre todo mi compañero David cuando se levantaba dormido y se tropezaba con las puertas abiertas en el pasillo…).
A nuestro fantasma le pusimos de nombre Peter, por hacer nuestra relación más cercana y evitar los malos rollos (ya se sabe que con estos entes hay que andarse con cuidado, por si las moscas…) y enseguida empezamos a llevarnos bien. A pesar de todas las leyendas que corren por ahí sobre fantasmas que tratan de expulsar a unos inquilinos que piensa que son intrusos, Peter se portaba bien con nosotros, no nos molestaba, hacía su vida y la convivencia con él no era difícil.
Aparentemente, yo desayunaba sola, pero mientras calentaba mi taza de leche, la puerta de la cocina se abría lentamente, notaba cómo alguien entraba, y se volvía a cerrar la puerta. Yo le daba los buenos días a Peter, y terminaba de desayunar tranquilamente. Otras veces, cuando estábamos en el salón viendo alguna película, Peter entraba haciendo chirriar la puerta. Alguna vez se le fue la mano y pegó portazos, aunque la casa no se llegó a caer. Cuando nos acostábamos, en el silencio se podían escuchar pisadas en nuestra habitación, y podíamos sentir cómo su presencia nos observaba detenidamente. Ya sabéis, eso de “en ocasiones veo muertos”, sólo que nunca llegamos a ver a Peter como algo material, sólo podíamos sentirlo.
Siempre me quedé con las ganas de hacer una sesión de Ouija para poder comunicarme con Peter y que nos contara su historia…







Buuff, solo de pensarlo me resulta escalofriante!
Menos mal que era un “fantasma” bueno :S
Que pasada, yo tambien tengo un fantasma propio la voy a poner ahora mismo en mi blog
madre mia con el peter acojonante eso de oir las pisadas pero vaaa ya que el peter no pagaba alquiler ya lo hubieran madaooo a limpiar la casa hacer la compra etc..etc…
Me has dejado alucinada con la historia… estamos mirando la foto del piso, aver si es de alguien conocido, afortunadamente (o desafortunadamente por la curiosidad ya de conocer a Peter) no nos resulta conocido… pero ahora tenemos mucha curiosidad ¿Onde é que ficava o teu apartamento? beijinhos!!!!
hola!!!!
sé de lo que me hablas…justamente yo vivo en esta casa ahora…casualidad???…Peter es buen compañero…y le molan las fiestas….ahora está más tranquilo…y sí,sigue viviendo en el mueble del pasillo…Beijinhos!!!!
¿Quieres decir que yo he dormido con Peter?Bufff si llego a saberlo te aseguro que nunca hubiera ido a visitarte a Lisboa. NO obstante tengo que aclarar que yo jamás noté su presencia en la casa.