Temor a las llamas en Lisboa
Lunes, 7 de Julio de 2008 por Sara
Es domingo por la noche, y Cristina mira por la ventana de su casa cerca de Marquês de Pombal, en Lisboa. Un intenso fuego se eleva al cielo de la capital portuguesa, desde lo que Cristina identifica como Avenida Liberdade.
Al momento comienza a llegarnos información: alrededor de las 23 horas se ha declarado un incendio en el segundo piso del número 23 de la Avenida Liberdade, junto al elevador da Glória. El edificio en cuestión es un inmueble deshabitado propiedad de una empresa española. En lo que tardaron en llegar los bomberos, las llamas se propagaron a dos edificios próximos, el número 21 de la Avenida Liberdade, y el número 6 de la Rua da Glória, y 15 personas tuvieron que ser desalojadas y llevadas al edificio del Cinema São Jorge. Otras 160 personas entre residentes y turistas fueron evacuados también al São Jorge por precaución.
A las 3 de la mañana, los cerca de 100 bomberos del regimiento de Sapadores pudieron controlar el incendio, cuyas llamas fueron reducidas ya por la mañana, con un balance de 2 bomberos heridos leves.
El miedo se apoderó por momentos de los lisboetas, quienes no pueden evitar recordar el incendio que precisamente hace 20 años destruyó el barrio del Chiado. La polémica no queda atrás, y pronto se alzaron las voces de protesta y denuncia por la situación de abandono en la que se encuentran los edificios deshabitados de la ciudad, cuyo número asciende a 4.600. Si todos estos edificios estuvieran ocupados, podrían albergar a más de 25.000 personas. La mitad de ellos están esperando la autorización pertinente para ser restaurados.









Eres sonámbula? peor no eres agresiba ¿no?
Lo de la foto Sara esta en la seccion de usuario en Wordpress. ¿Sabes donde?
Lo que tienes que hacer es subir una foto (la que quieras) en esa sección te sale la opción que te digo. Así lo hice yo.
La maldita política y su mala gestión hacen que ocurran cosas como las que cuentas, la gente si vivienda y esos edificios vacios.
Menos mal que no han ocurrido desgracias personales, poque al final siempre paga el ciudadano por el abandono de sus autoridades.
Saludos.
Qué te voy a decir de Lisboa que no sepamos. Y es que tiene unos problemas que no me parecen solventables ni desde la izquierda ni desde la derecha… aunque quiera confiar en que el cambio de color del ayuntamiento haga algo.
Hay casas abandonadas porque las familias felices prefieren irse a las afueras, y quién sabe si les podemos culpar: en el centro de Lisboa hay inseguridad y nadie quiere que a sus polluelos les pase nada por la calle. El resultado es que en el centro sólo viven abueletes y jóvenes de paso como nosotros, en casas viejas en las que se cuela el frío.
¿La solución? Pues invertir y revalorizar, pero claro, esto tiene sus consecuencias: se llenan los primeros pisos y luego, cuando el barrio se pone de moda, las inmobiliarias acaban acosando a los abuelitos para que dejen sus hogares y puedan llenarlos de jóvenes alternachichis dispuestos a pagar un quintal por vivir en ellos. Es lo que ha pasado en los barrios “descuidados” del resto de ciudades del mundo.
Yo quiero ver mi Lisboa feliz, sin corrupción, sin delincuencia, pero mientras no haya dinero, no va a poder ser. Estamos en la Europa del s. XXI, y a la gente mientras tenga su coche, su centro comercial cerquita, y su pisazo en Campo Grande, le importa todo un pimiento. Y el ayuntamiento, peque, mucho me temo que no va a cambiar nada. Mucha imagen corporativa, y mucha cultura, mucho sentir lisboeta, que a los guiris les encanta y les deja muy buen sabor de boca, y la gente que vive allí de siempre, y que se merece vivir bien en su ciudad, que le den por el culo. Las obras que estaban cuando llegamos a Lisboa son las mismas que dejamos cuando nos fuimos. Y esto por no hablar de las de Alfama, que siguen igual que cuando llegué pero de viaje, hará ya siete años.
Las ciudades son para quererlas, vivirlas, y para que las hagamos nuestras. No para que pasemos por ellas de puntillas por miedo a que nos roben, o a que se nos caiga un tejado encima.