Leyendo este post de Ozutto me vinieron a la cabeza varias imágenes de guerra que nos habÃan mostrado en las clases de ética periodÃstica.

A raÃz de esta foto, considerada como una de las imágenes del año, quiero plantear un eterno debate profesional. ¿Se debe prestar ayuda primero, o después de sacar la fotografÃa?
Muchos veréis una sencilla respuesta a esta pregunta: ayudar primero, por supuesto. Pero no es tan fácil, y si no, ¿por qué están TODOS los fotógrafos alrededor del hombre? Es posible que esté muerto y no haya nada que hacer, pero he visto fotos en las que la vida del objeto de la imagen está en serio peligro, y el fotógrafo se limita a hacer la foto. No sabemos lo que hace después de disparar la cámara, pero lo que está claro es que prima conseguir una buena imagen para vender en los medios.

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James Nachtwey es un fotógrafo de guerra norteamericano con una gran experiencia, de cuya vida y trabajo se hizo un documental llamado War Photographer. En él, Nachtwey explica sus vivencias personales, nos acerca a su trabajo, y muestra sus miedos detrás de la cámara. Aquà tenéis un fragmento del documental, si tenéis ocasión de verlo completo os lo recomiendo, puesto que no os dejará indiferentes.
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¿Nos deshumaniza esta profesión? ¿Podemos llegar a acostumbrarnos a ciertas situaciones hasta tal punto que no nos inmutemos?
Personalmente nunca me he visto en una posición asÃ, pero creo que ningún premio Pulitzer ni ninguna bien pagada exclusiva merecen la negación de auxilio a alguien que te está necesitando. Me sentirÃa mal viendo publicada una fotografÃa que hubiera hecho sin poder remediar el dolor del que sufre en la imagen.
Otra situación en la que también se pone en entredicho la ética de los reporteros gráficos es en las fotografÃas de la pobreza. Imágenes como ésta se venden bien a los medios.

Da igual lo que el niño esté sufriendo, es más importante conseguir una buena foto que quitarle las moscas de la cara. SerÃa más bonito una imagen de un niño sano y sonriente, pero ésta vende más. Si estuviera yo tras este objetivo, se me caerÃa el alma al suelo.
Tanto los reporteros gráficos como el resto de los profesionales de la comunicación nos vemos en ocasiones en situaciones extremas ante las que nunca sabemos cómo reaccionarÃamos. Algunos se limitan a hacer su trabajo como mejor pueden, otros incluso arriesgan sus vidas para poder contar lo que ocurre.
Sin ir más lejos, el otro dÃa en Valladolid, un cámara de televisión fue agredido por grabar imágenes del lugar donde la noche anterior se habÃa producido una pelea. Recuerdo que hace un par de años, un compañero de la televisión me contó cómo en una ocasión tuvo que huir en medio de un tiroteo mientras grababa en la calle. ¿Es o no es una profesión de riesgo?
Jon Sistiaga publicó en el 2004 un libro titulado ‘Ninguna guerra se parece a otra’, sobre su experiencia en la guerra de Irak, experiencia que compartió con el fallecido cámara de televisión José Couso. Es una especie de crónica personalizada, que acerca al lector las vivencias de los periodistas en una guerra. Por supuesto, desde su punto de vista.
Os invito a reflexionar, como receptores de la información y algunos como periodistas, sobre el tema. ¿Actúan correctamente los reporteros al anteponer su trabajo como transmisor de una realidad? ¿Vosotros qué harÃais?
Y no me mezcléis aquà el tema de la prensa rosa, que eso es un caso aparte que no tiene cabida en este blog. Hablemos de cosas serias.
ACTUALIZACIÓN 24 de diciembre.
Ayer nos llegó al periódico la siguiente noticia: en Pakistán, dos hombres acusados de haber asesinado a un taxista fueron ejecutados por dos familiares de la vÃctima, de acuerdo a la ley islámica ’sharia’. El texto no era mucho más largo que el titular, y le acompañaban varias fotos: en unas se veÃa a la gente congregada alrededor, en otras se veÃa el fusilamiento. Hice una página con una fotonoticia: una imagen en grande acompañada de un breve texto descriptivo. Y la foto que escogimos fue ésta:

La información que vende.